Nuevo biocombustible a partir de residuos de la producción de vino

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La producción del biocombustible de aceite de pepita de uva y bioetanol, ambas materias obtenidas durante el proceso de producción del vino, podría alcanzar alrededor de 20 kilotoneladas, cerca del 2 % del biocombustible consumido actualmente en España. Esta es una de las conclusiones que se desprenden de un estudio que propone un nuevo método para elaborar biocombustibles a partir de los residuos de la industria del vino.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) se ha centrado en los residuos de la industria del vino, que constituyen una materia prima interesante para el biodiesel en países con una importante producción vinícola.

España es el tercer productor de vino del mundo, sobrepasando algunos años los 40 millones de hectolitros. Tras el prensado de la uva para producir vinos y mostos, el residuo se trata para obtener orujo, hollejo, raspón y pepitas de uva. Las pepitas contienen alrededor del 7 % de aceite, que puede ser extraído por prensado o con disolventes (como n-hexano).

Este aceite puede convertirse en biocombustible mediante la reacción con bioetanol obtenido a partir de la producción de vino. Este método para obtener biocombustible completamente renovable −generado a partir de ésteres etílicos de ácidos grasos− ha sido ideado por un equipo científico formado por miembros del grupo de investigación de Estudios Ambientales de la UPM y del Grupo de Combustibles y Motores de la Universidad de Castilla-La Mancha (GCM-UCLM).

Propiedades del nuevo biocombustible
Las propiedades de este nuevo biocombustible son muy satisfactorias y entran dentro de los límites establecidos por las normas europeas y americanas: densidad y poder calorífico (indican la cantidad de energía que puede haber en un determinado volumen o depósito de un vehículo); número de cetano (parámetro clave sobre la calidad de la combustión); viscosidad y lubricidad (que afectan a la atomización del combustible y al correcto funcionamiento del sistema de inyección); puntos de niebla, vertido o de obstrucción de filtros en frío (miden el comportamiento del combustible a bajas temperaturas); y estabilidad a la oxidación (relacionada con el número de yodo y el número de insaturaciones o dobles enlaces presentes en la composición del biocombustible).

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