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El Gobierno regional apuesta por la transformación y modernización del regadío gracias a las energías renovables

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El director provincial de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo, Rural, Manuel Miranda, subrayó durante su intervención en las Jornadas “Agua + Energía + Economía + Sostenibilidad”, desarrolladas en la XXXIX edición de la Feria Agrícola y Ganadera de Castilla-La Mancha (EXPOVICAMAN)  que “es un momento idóneo para poner en valor el regadío ligado a las energías renovables”, y ha recordado que la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural ha publicado recientemente dos órdenes para la mejora, modernización, transformación y creación de regadíos en Castilla-La Mancha en el que se subvencionará, entre otros proyectos, el nuevo riego, estructuras hidráulicas, captación, bombeo, filtrado, implantación de transporte, energía, y en definitiva ”optimizar la eficiencia energética”.

Manuel Miranda recordó que en la provincia de Albacete existen 4 cuencas hidrográficas “con distintas singularidades y problemáticas” en alusión al Júcar, Segura, Guadiana y Guadalquivir, y ha felicitado al presidente de la Federación de Comunidades de Regantes de Castilla-La Mancha y presidente de la Junta Central de Regantes de la Mancha Oriental, Herminio Molina por lograr “poner a disposición de las comunidades de regantes esta estructura”.

Por otro lado, Miranda que además de Herminio Molina, ha estado acompañado del presidente de la Comunidad de Usuarios del Campo de Montiel, Juan Vázquez, también ha reconocido la labor de la Plataforma de Regantes y Consumidores de la cabecera del Segura, para lograr que la empresa pública de Infraestructuras Agrarias (SEISA) haya apostado por un proyecto “pionero” de la Comunidad de Regantes de la Tedera para la gestión y modernización de regadíos.

Finalmente, el director provincial de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural ha valorado la importancia de transformar el regadío para “avanzar en la agenda de sostenibilidad 2020” y reducir las emisiones de carbono, luchando así contra los efectos del cambio climático.

Castilla-La Mancha busca mejoras energéticas para sus 462.000 hectáreas de regadíos que crecen con nuevos cultivos intensivos de olivar y almendro

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En los últimos meses se han multiplicado las peticiones ante las administraciones públicas y las confederaciones hidrográficas para abrir pozos de sondeo en muchas explotaciones agrícolas de la región. El campo necesita agua, a bajo precio y cuya distribución consuma poca energía.

Castilla-La Mancha tiene que buscar mejoras en la eficacia energética de sus regadíos, que ya suponen el 11% del total de su superficie agraria. La explosión de nuevos cultivos intensivos, desde olivar a almendros, unido al fuerte incremento del viñedo en riego, ha provocado un aumento considerable del gasto de agua y energía en este tipo de cultivos.

Según los datos de un reciente estudio sobre el agua en España elaborado por el Observatorio de la Sostenibilidad, la comunidad dispone de más de 462.000 hectáreas de regadío, el 14% del total de todo el país. La superficie de regadío habría crecido entre 1987 y el 2016 en un 61%, siendo la tercera región española donde más lo habría hecho. Todo ello cuando a primeros de diciembre, era la Comunidad con los segundos embalses más vacíos de España tras Castilla y León, con menos del 18% del total de su capacidad.

La búsqueda de nuevas soluciones tecnológicas de ahorro en el consumo de agua así como en el consumo energético de los mismos serán claves en el desarrollo de los nuevos regadíos.

Según Miguel Angel Monge, director de Hutech Consulting, especializada en proyectos de regadío con gran experiencia en Castilla-La Mancha, “cuando no hay posibilidad de conseguir la suficiente agua para riego procedente de ríos y embalses, se ha buscado en el subsuelo mediante la ejecución de pozos y la extracción de las masas de los acuíferos. Una explotación descontrolada ya sabemos a dónde nos lleva. Si la extracción supera la recarga, la profundidad a la que se encuentra el agua cada vez será mayor y esto implica, aparte de problemas medio-ambientales, graves inconvenientes para los agricultores al necesitar más energía para extraer el agua y se incrementan los costes/año. La bajada de nivel del agua en los acuíferos conlleva un proceso de salinización del agua que puede ocasionar bajadas de rendimiento en los cultivos menos tolerantes al exceso de sales y mayor inversión en productos correctores. En riegos por goteo se necesitará mayor mantenimiento en las instalaciones para evitar obstrucciones”.